ERMITA DEL SANTO CRISTO (LABASTIDA)

En la parte más elevada de Labastida, erigida sobre una robusta plataforma de piedra en el cerro de la Mota, se encuentra la ermita del Santo Cristo. Esta iglesia-fortaleza tiene sus orígenes en el siglo XII, cuando la primitiva ermita prerrománica fue ampliada y reforzada, hasta adquirir el impresionante aspecto que tiene en la actualidad. Diversos estudios arqueológicos han demostrado que en este punto se constituyó el núcleo original a partir del cual se desarrolló la villa.

Románico y gótico se entremezclan. La portada principal es un bello ejemplo de románico, con delicadas arquivoltas y capiteles. En el interior se pueden diferenciar claramente los dos estilos mencionados; el románico en la parte posterior y el gótico con retoques renacentistas en la cabecera.

La ermita en la que te encuentras fue la parroquia de Labastida hasta el año 1602. El 14 de abril de dicho año, se trasladó el Santísimo Sacramento a la recién inaugurada Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, siendo desde aquel día hasta hoy, parroquia de la villa.

“La ermita del Santo Cristo es un relevante emplazamiento de devoción y espiritualidad desde tiempo inmemorial”

De generación en generación, se ha mantenido la veneración y cariño al Santo Cristo de la villa, y se han transmitido diversas leyendas y milagros atribuidos a la imagen del Santo Cristo. Se cuenta que, durante una guerra, para evitar que la imagen fuera dañada o ultrajada por los enemigos, se enterró en una heredad y quedó allí olvidada. Pasados los años, un pastor que estaba con su rebaño notó que sus ovejas saltaban al pacer en un pequeño espacio donde la hierba crecía más alta y fuerte, por lo que decidió cavar en el lugar y allí encontró la figura del Santo Cristo. Asimismo, en la iglesia se conservan diferentes lienzos que relatan los numerosos milagros ocurridos por la intercesión del Santo Cristo, tales como sanaciones físicas y espirituales, además de otros muchos hechos sobrenaturales.

Después de unas pinceladas de arte e historia comencemos nuestra visita. Dirígete hacia la cabecera del templo recorriendo pausadamente el pasillo central. Elevando tu mirada puedes apreciar la estructura gótica, admirable por su coherencia y sobriedad. A la derecha se encuentra una réplica de la Virgen de Estíbaliz, patrona de Álava y a tu izquierda está la pila bautismal de la ermita, donde han sido bautizados innumerables habitantes de Labastida. Sobre ella, un Cristo Crucificado de cuidada factura y, seguidamente una sencilla imagen de la Virgen del Carmen que sostiene al Niño Jesús en sus brazos.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”

San Mateo 11, 28-30

Llegados al crucero del templo, a nuestra derecha, podemos advertir el retablo traído del desaparecido convento de San Andrés de Muga. Está presidido por la talla de la Virgen del Pilar. En el banco puedes distinguir distintas pinturas: Santa Catalina de Alejandría y San Jerónimo a la izquierda de “La Última cena” que ocupa la parte central y las de su derecha corresponden a la Magdalena y Santa Brígida, una de los seis santos patronos de Europa. Rematando el conjunto, “La Santísima Trinidad”. El Padre es representado como un anciano coronado y el Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, está acompañado de los símbolos de la Pasión. Ambos posan sus manos sobre una esfera que representa a la tierra. Entre ellos, el Espíritu Santo está representado en forma de paloma. Una bella talla de la Inmaculada Concepción ocupa el sencillo retablo adyacente.

En la nave opuesta, se encuentra el retablo presidido por la imagen de San Antonio de Padua, uno de los pocos santos al que se le representa con el Niño Jesús en brazos. En los laterales distinguimos las tallas de Santa María Magdalena y San Francisco Javier, mientras que el ático está ocupado por una imagen de Santa Bárbara, flanqueada por las tallas de menores dimensiones de San Joaquín y San José, padre y esposo de la Virgen María respectivamente. A su lado se halla la antiquísima talla de San Roque que muestra las llagas de su pierna y es acompañado por un perro que le socorría en sus momentos de mayor necesidad. Este animal es signo de la providencia y siempre aparece incluido en la iconografía del santo.

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”

San Juan 3, 16

Ahora es momento de contemplar el retablo mayor. Entre suntuosas columnas salomónicas, la tan querida y venerada imagen Santísimo Cristo preside el conjunto. Esta singular imagen de Cristo Crucificado, de gran belleza y realismo, es una talla gótica realizada en el siglo XII en madera policromada y de tamaño casi natural. Goza de una gran devoción en la villa de Labastida.

Las posturas de la mano derecha del Cristo, ya desclavada de la cruz, y la de José de Arimatea subido a la escalera para el “Descendimiento” son de extraordinaria originalidad en la iconografía gótica. A ambos lados, las efigies de la Virgen María y de San Juan, el discípulo amado, acompañan a Cristo crucificado en una peculiar representación del “Calvario”.

“Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó”.

San Mateo 27. 57-60

En todo el orbe católico es muy común la veneración a “Cristo Crucificado”. El pueblo fiel siempre ha sabido que el anuncio cristiano está anclado en una cruz. En ella Jesús nos redimió, nos libró del pecado y de la muerte dando su vida por nosotros.

Y el triunfo definitivo sobre la muerte llega con la Resurrección. Por ello, coronando este sencillo retablo donde se concentra el misterio de la Fe, contemplamos la majestuosa figura de Cristo Resucitado. El Redentor del mundo imparte la bendición con su diestra y con su otra mano sostiene un báculo, signo de su realeza. De este modo, se enfatiza que Jesús está Vivo y es nuestro Señor y Salvador.

“Nuestra salvación es un regalo de la sangre de Cristo, ya que todo es don gratuito de Dios y de su amor incondicional por nosotros”

Todo está dicho. Esperamos que tu visita haya sido grata. Antes de abandonar el templo para seguir tu camino, te invitamos a tener un rato de recogimiento y oración, en la soledad a los pies del Santo Cristo.

Para ello, ponemos a tu disposición varias oraciones que pueden ayudarte en estos momentos de interiorización y diversos enlaces para profundizar en la vida de los Santos que componen los retablos.


EVANGELIO DIARIO / ROSARIO / VIA CRUCIS / VIA LUCIS

FIESTAS EN HONOR AL SANTÍSIMO CRISTO
Viernes Santo
Virgen del Carmen
San Roque
Fiestas patronales de Acción de gracias de la Vendimia. Noviembre.
MISAS
Sábados y vísperas: 19:00h.
Domingos y festivos: 12:00h.

ORACIÓN AL CRISTO DEL CALVARIO
En esta tarde, Cristo del Calvario, vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.
¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad, cuando en la cruz, alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor, cuando tienes rasgado el corazón?
Ahora ya no me acuerdo de nada, huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía se me ahoga en la boca pedigüeña.
Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu santa puerta.
Amén.

ORACIÓN A CRISTO CRUCIFICADO
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
 
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévanme tus afrentas y tu muerte.
 
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te quisiera.
 
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Publicado por Iglesias de Araba

Espacio dedicado al patrimonio religioso y artístico que acoge la Diócesis de Vitoria-Gasteiz. Vitoria-Gasteizko Elizbarrutian dagoen erlijio- eta artistiko-ondareari buruzko webgunea.

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