Querido visitante, eres bienvenido a la villa de Elciego y su iglesia de San Andrés. Este templo ha sido visitado a lo largo de los siglos en busca momentos de recogimiento y oración tanto por sus parroquianos como por viajeros y comerciantes a su paso por Elciego.
La edificación de este templo comenzó a mediados del siglo XVI, probablemente sobre una ermita anterior. Debido a su situación, fue necesaria la construcción de una enorme plataforma para nivelar el terreno. Como has podido ver antes de acceder al templo, la iglesia de San Andrés destaca por sus sobresalientes y desiguales torres que son imagen emblemática de la villa. Goza de una gran unidad exterior que manifiesta su absoluta homogeneidad estética, que no cronológica, ya que aglutina diferentes estilos arquitectónicos. Los primeros tramos son de base gótica, mientras que el crucero es claramente renacentista. Su planta es de cruz latina y consta de una nave de tres tramos, crucero y cabecera, resultando un conjunto de armoniosas proporciones.

Comencemos nuestra visita. Al acceder al templo te has topado con un Cristo crucificado de gran devoción entre las gentes de Elciego. Nos encontramos en el bajocoro. Eleva tu mirada para descubrir la bóveda nervada, decorada hermosamente con florones en sus claves, que sustenta el armazón del coro. En el centro podemos advertir la imagen de Dios Padre, Creador; y a su alrededor, hay distintos relieves, entre los que destacan los cuatro evangelistas, San Andrés, patrono de la iglesia con su característica cruz en aspa, y San Pedro con las llaves del Reino.
Bajemos nuestra mirada y vayamos al lado opuesto, donde se encuentra el baptisterio. Tras una sobria y elaborada reja con una inscripción bíblica está ubicada la pila bautismal. El Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, es el pórtico de la vida en el Espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegando a ser miembros de Cristo e incorporados a la Iglesia.
«En verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» Juan 3, 5
A la derecha del baptisterio, se encuentran diversas reliquias de los Mártires de Cardeña. Durante la invasión árabe a finales del siglo IX, 200 monjes fueron degollados por las huestes musulmanes. Fueron canonizados en el año 1603.
Ahora, por el pasillo central, llegaremos a la cabecera de la iglesia y admiraremos los diversos retablos que ocupan los muros laterales. Si lo estimas oportuno, acércate a dichos retablos para verlos en detalle.
El primer retablo que encontramos a nuestra derecha es el dedicado a Santa Ana, madre de la Virgen. El cuerpo principal es de columnas estriadas que lo dividen tres espacios. La imagen de la titular ocupa el espacio central, mientras que en los laterales distinguimos las tallas de San Lorenzo con la parrilla, símbolo de su martirio, y San Roque que muestra las llagas de su pierna y es acompañado por un perro que le socorría en sus momentos de mayor necesidad, signo de la providencia y siempre incluido en la iconografía del santo. El conjunto es rematado por un cuadro de las Benditas Ánimas del Purgatorio.
A nuestra izquierda, bajo el fastuoso órgano parroquial, está ubicado el retablo del Arzobispo. Se denominó así, ya que fue sufragado por el insigne hijo de la villa, Don Manuel Francisco Navarrete y Ladrón de Guevara, Arzobispo de Burgos y Obispo de Mondoñedo-Lugo. El conjunto está compuesto por dos lienzos que reproducen la prisión y el martirio de los santos Manuel, Sabelio e Ismael, y lo flanquean las tallas de las también mártires, Santa Catalina de Alejandría y Santa Lucía, protectora de la vista.

Contiguo se encuentra el retablo de estilo rococó consagrado a San José, cuya imagen está escoltada por las tallas del gran predicador dominico, San Vicente Ferrer y de San Ramón Nonato, patrono de las mujeres embarazadas. En la parte superior se encuentra la efigie de San Gregorio Ostiense, santo con gran devoción en La Rioja y Navarra, y cuyas reliquias se veneran en la Basílica de Sorlada, en las cercanas tierras navarras.
En el muro derecho, frente al retablo que acabamos de observar, hay otro retablo rococó. Está dedicado a laVirgen de los Dolores o Dolorosa, cuya imagen ocupa el nicho central siendo acompañada por las de San Isidro y la Magdalena. Por su parte, la talla de San Juan Bautista corona el conjunto. En el bancal se encuentra la figura popularmente conocida como el «tumbao». Se trata de un Cristo yacente, de magnífica talla y con brazos articulados, que, junto a la talla de La Dolorosa, forma parte de la representación del “Descendimiento” en la Semana Santa de la villa.
Llegamos al crucero del templo. Dos imponentes púlpitos acompañan nuestra presencia. Aunque se construyeron con cuarenta años de diferencia, son similares. Ambos fueron realizados en el siglo XVIII y tienen un balconaje con balaustres de forja cubiertos por planchas doradas y un alto tornavoz.
Antes de contemplar con detenimiento el retablo mayor, te sugerimos que te acerques a los retablos del crucero, coetáneos con el mayor e idénticos en su concepción. El retablo de la derecha está dedicado al Santo Cristo, imagen de gran calidad. En el banco advertimos los relieves de “la flagelación” y “la coronación de espinas”, mientras una talla de San Francisco Javier remata el conjunto.
A la izquierda, en el lado opuesto, está dispuesto el retablo de Nuestra Señora del Rosario, cuyo nicho central está ocupado por una réplica de la Virgen de Estíbaliz, patrona de Álava. El ático está ocupado por la efigie saeteada de San Sebastián,mártircon gran devoción en épocas pasadas, por ser el patrono de los moribundos y protector contra la peste. Después de haber descubierto temas y figuras que quizás desconocías en tu tránsito por el templo, es momento de contemplar el extraordinario retablo mayor consagrado a San Andrés, titular de la iglesia. Para admirarlo en detalle y profundizar en su belleza, te invitamos a que tomes asiento en los bancos delanteros.

Probablemente, al acceder al templo, tu mirada se ha dirigido con curiosidad a la cabecera del templo. Se trata de un ábside semicircular construido íntegramente en piedra dorada totalmente acanalada, que prolonga su decoración desde la concha superior hasta el suelo produciendo un efecto de concha envolvente en torno al retablo. Todo esto crea un llamativo e incomparable conjunto.
Este majestuoso retablo es de la primera época del barroco, aunque tiene notables influencias renacentistas. Fue erigido entre los años 1646 y 1669. El retablo consta de banco, tres cuerpos y ático, dividiéndose en tres calles y cuatro entrecalles.
Comencemos por la parte inferior denominada banco. En él se pueden distinguir, entre figuras de diversos santos, los relieves correspondientes al “Prendimiento de Nuestro Señor” y “la Caída de Jesús bajo la Cruz”. Un bello sagrario que ocupa el corazón del banco, lo adornan la figura del Cristo Salvador flanqueada por las de San Pedro y San Pablo. Son, quizás, los relieves de más delicada ejecución de todo el conjunto.
En el primer cuerpo, la imagen de Nuestra Señora del Rosario ocupa el tabernáculo central. A la izquierda, se encuentra el relieve de “La Anunciación”, entre las tallas de San Juan y San Pedro. Mientras, a la derecha, entre las efigies de San Pablo y Santiago Apóstol podemos ver el relieve de “La Natividad”.
De izquierda a derecha, en el segundo cuerpo, contemplamos los relieves dedicados a “la Adoración de los Reyes Magos” y “la Huida a Egipto”, entre las tallas de Santiago el Menor, Santo Tomás, San Felipe y San Bartolomé, mientras que la figura de San Andrés, de mayor tamaño y con su clásica cruz en aspa, símbolo de su martirio, ocupa la hornacina central, presidiendo el retablo.San Andrés tuvo el privilegio de ser el primer apóstol elegido por Jesús. Por ello, desde antiguo se le denominó Πρωτόκλητος Prōtoklētos, «el primer llamado».
Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Andrés, al primero que encontró fue a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» – que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; de ahora en adelante te llamarás Cefas» – que quiere decir, «Piedra» Juan 1, 40-42
En el tercer y último cuerpo, el relieve dedicado a “la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel” es escoltado por las tallas de San Mateo y San Simón, a la izquierda, y las de San Matías, el apóstol que sustituyó a Judas, y una talla anónima, a la derecha.
El ático, se remata con un frontón curvo, en cuyo tímpano se halla la figura del Padre Eterno con una esfera en sus manos. Sobre él, coronando este impresionante retablo, podemos advertir la representación del “Calvario”, Cristo crucificado acompañado de María, su madre, San Juan, el discípulo amado, María de Magdala y María de Cleofás. Es una atípica composición iconográfica con cinco figuras, incorporada con posterioridad al conjunto.
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.” Juan 19, 25-27

Y en la parte inferior de tan extraordinario retablo, parece pasar desapercibido el mayor tesoro que podemos encontrar en este templo, la Presencia Eucarística del Señor en el Sagrario. Cristo vivo nos ha salvado y redimido, nos ha regalado gratuitamente la vida eterna y está siempre a nuestro lado.
“Nuestra salvación es un regalo de la sangre de Cristo, todo es don gratuito de Dios y de su amor por nosotros”
Esperamos que tu visita haya sido grata. Antes de abandonar el templo siguiendo tu camino, te invitamos a tener un rato de recogimiento y oración, a sentarte en silencio ante la acogedora presencia de Nuestra Madre, meditando su vida de entrega y gratitud, o simplemente alabar y glorificar al Señor en su presencia frente al Sagrario.
(Ponemos a tu disposición algunas oraciones y enlaces que quizás te puedan ayudar en estos momentos de interiorización. Del mismo modo, puedes profundizar en la vida de los Santos que componen el retablo gracias a los diversos enlaces del texto.)
EVANGELIO DIARIO / ROSARIO / VIA CRUCIS / VIA LUCIS
Ahora permanecen estas tres cosas; la fe, la esperanza y la caridad. Pero la más excelente de ellas es la CARIDAD.
(1 Cor. 13, 13)
Si puedes mucho; mucho.
Si puedes poco; poco.
Si no puedes nada; nada.
CUANDO SALGAS DE LA IGLESIA, HAZ TU DONATIVO
ORACIÓN A SAN ANDRÉS
Señor, que llamaste al apóstol San Andrés a dejar las redes a orillas del mar de Galilea para hacer de él un pescador de hombres, te pedimos por su intercesión que nos concedas ser fieles a la vocación apostólica que hemos recibido en nuestro bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor, amén.
– – – – –
¡Oh glorioso San Andrés apóstol! Tú fuiste el primero en reconocer y seguir al Cordero de Dios. Junto con tu amigo Juan te quedaste junto a Jesús desde ese primer día, y durante toda tu vida, y ahora por toda la eternidad.
Así como llevaste a tu hermano San Pedro a Cristo y a muchos otros después, condúcenos también a nosotros a Él.
San Andrés, enséñanos a llevar otros a Cristo solamente por amor a Él y dedicados a su servicio. Ayúdanos a aprender la lección de la Cruz y a llevar nuestras cruces diarias sin quejarnos de modo que puedan llevarnos a Jesús.
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría:
dame mirada y oído interior para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor:
haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.
Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna:
concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre
en la vida y en la alegría sin fin.
Amén.